Es cierto que tenemos libre albedrío y que el futuro no está escrito en piedra pero ¿con qué tanta libertad elegimos realmente si nuestro subconsciente domina en gran medida nuestras acciones?
Por eso creo que el futuro es fácil de predecir cuando nuestros patrones de comportamiento se mantienen constantes. Es decir, las variables internas no cambian significativamente y por lo tanto podemos llegar a obtener casi siempre los mismos resultados.
Por otro lado están las variables externas, como los ciclos y sistemas mayores de los que somos parte. No todo siempre es de la misma manera. Hay influencias de nacimiento, crecimiento, desarrollo, madurez, declive y muerte que influyen directamente en nuestros esfuerzos. Hay mucho en juego. Así que reducir todo a la fuerza de voluntad individual o a la visión optimista del “todo es posible”, me parece ingenuo.
Al final somos una fuerza cooperativa de todo lo creado, tenemos un papel y un lugar en donde estamos. Ignorar esto o minimizarlo es tan solo la evasión de una verdad y realidad más grande y compleja. De las herramientas místicas más hermosas para considerar todo esto, el I Ching tiene un lugar especial en mi corazón. Me ayuda a comprenderme en lo individual y en mi relación con el todo.






